Personas seductoras, ¿nacen o se hacen?

Existen dos tipos de seducción: una basada en la posesión de los demás, y que suele tener como objetivo el conseguir sexo u otra cosa de la otra persona, y otra que tiene un sentido más amplio y cuyo objetivo es el beneficio mutuo, que se suele denominar seducción verdadera.

Hay personas que parece que tienen un don natural para seducir. Sin ser personas necesariamente atractivas, en cualquier situación y contexto acaparan las miradas y son el centro de atención siempre que hablan. Este tipo de seducción, aunque pueda provocar celos en la pareja, no tiene porqué ser negativa, ya que no implica que el seductor o seductora tenga malas intenciones. Este tipo de seducción no tiene ningún misterio, ya que se basa en el interés que se muestra hacia los demás, y en mostrarse abierto a interactuar con los demás. Este conjunto de cualidades son lo que se conoce como “magnetismo”.

Aunque habitualmente el término “seducción” esté asociado con métodos para conquistar a alguien y obtener una recompensa sentimental o sexual (que puede ser de forma ética o no ética), el término es mucho más amplio. En este sentido, un tipo de personalidad seductora sólo buscaría su propio beneficio mediante métodos no necesariamente honestos, y el otro tipo corresponde a alguien que ha convertido la seducción en su forma de ser, seduciendo de manera altruista.

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Según apuntan los especialistas, la capacidad para seducir comienza en la infancia y, además, puede entrenarse. “Aunque hay niños más seductores que otros, la capacidad para atrapar la atención, la confianza y el afecto de los demás no es genética, sino que exige entrenamiento y aprendizaje”, explica Alejandra Vallejo-Nágera, psicóloga, docente y autora del libro Psicología de la seducción. Eso sí, independientemente del objetivo que tenga cada uno, hay un denominador común: una dosis de provocación. “No es posible seducir a alguien ante quien pasamos desapercibidos -explica Vallejo-. Tenemos necesariamente que captar su atención, haciendo que el resto del mundo quede como murmullo de fondo. A veces esta llamada de atención es provocadora, pero es difícil no caer en el histrionismo. La llamada de atención más eficaz es aquella que funciona suavemente, sin que el destinatario sea consciente, de ello.”

Como comentábamos antes, alguien con una personalidad seductora puede suponer un problema para su pareja, ya que es habitual que piense que es él o ella quien busca esa situación. En estos casos, la autoestima, la valoración que hacemos de la información que tenemos sobre nosotros mismos y la confianza resultan claves para evitar que tener al lado a una persona seductora se convierta en un problema para la pareja y la destruya. Según los especialistas, una relación de pareja es algo que hay que cuidar a medida que ésta avanza, la seducción y el trato que en su día motivó el enamoramiento no pueden finalizar en ningún momento, y para que eso sea posible, es necesario primero aceptarnos y querernos a nosotros mismos.

Si tu pareja tiene mucho magnetismo, el único camino posible es aceptarlo y considerar las cualidades que le hacen brillar como algo positivo y un bien del que tú puedes disfrutar en primera persona.




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